Leyendo e investigando sobre la influencia de la didáctica
en todo los procesos de enseñanza, conseguí llegar a este importante capitulo
procedente de el libro de POZO ANDRÉS, María del Mar DEL; ÁLVAREZ CASTILLO,
José Luís; LUENGO NAVAS, Julián y OTERO URTZA, Eugenio; Teorías e instituciones
contemporáneas de educación, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004.
LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA EDUCACIÓN
El
ser humano necesita el contacto con los miembros de la especie porque no es capaz
de existir solitariamente, debido a que el crecimiento basado exclusivamente en
la información genética sería insuficiente para confirmar su perspectiva
social. Existe pues una necesidad de transmisión, de influencia, que obliga al
hombre a comunicarse, sobre todo, a través del lenguaje articulado, o por
cualquier otro medio (gestos, mímica, dibujos, etc). Es un ser social por
naturaleza.
Actualmente
se acepta la existencia en los seres humanos de un "motivo social o necesidad
de pertenencia", el cual ha ido evolucionando desde que, en sus orígenes,
los individuos establecían vínculos sociales en el seno de los grupos para
obtener ventajas con vistas a la reproducción y perpetuación de la especie. Así
pues, las cualidades específicamente humanas no pueden desarrollarse por sí
mismas siguiendo los dictados del código genético en un ambiente aislado,
siendo necesario el contacto y las relaciones con los demás.
El
caso de los llamados "niños selváticos" nos puede ayudar a comprender
cómo seres que tienen el mismo potencial biológico y genético que los de su
especie, por su falta de contacto social han desarrollado formas de
comportamiento que en nada se parecen a las de los demás. Se trata de casos
extraños en los que se han encontrado muchachos en estado salvaje en lugares
muy retirados de la civilización. No sabían hablar (emitían sonidos insólitos),
ni reír, ni transmitir los afectos y los sentimientos propios de la especie
humana. Tenían dificultades para entablar relación con las personas. Su trato
era arisco, temeroso y huidizo. El más célebre de ellos es Víctor, que fue
encontrado en los bosques de Aveyron (Francia) en las primeras décadas del
siglo XIX y al que Jean Marc Itard (médico y educador francés) trató de educar,
no sin la oposición de los que creían que la tarea era inútil. La idea de Itard
consistía en estimular y desarrollar los sentidos de Víctor, así como sus
capacidades (hablar, leer, escribir, contar…). Podemos pensar que la especie
humana, una vez que reguló los aspectos más elementales de su evolución
biológica (alimentación, protección, procreación, etc.) se preocupó de los
aspectos sociales para mejorarlos, utilizando para ello la transmisión de normas
sociales mediante canales externos a los individuos, al contrario que los
animales, que lo hacen a través de los mecanismos endógenos (biológicos).
El
individuo cuando nace no posee conductas aptas para el desenvolvimiento social,
no es miembro de la sociedad. Por eso se le induce para que se integre en la
misma, aprendiendo e interiorizando los elementos que se consideran básicos
para que la comunidad, de la que forma parte, perdure en el tiempo, tales como
la lengua, los símbolos, las normas, los valores, las creencias, etc. Son
formas de comportamiento que, en un principio, no pertenecen al individuo en
particular, sino que se le ofrecen para que las asimile de forma casi mecánica
e irracionalmente.
Las
posibilidades educativas del sujeto no se encuentran en su configuración individual,
sino en su ámbito social, por lo que la educación se constituye en el medio fundamental
de socialización, en el que la comunicación juega un papel fundamental. A
través de ella un sujeto pretende modificar la conducta de otro mediante la
transmisión de ciertos contenidos culturales, utilizando el lenguaje como cauce
de intercambio primordial. Así pues, la socialización se refiere a los procesos
por los cuales se adquieren determinados modos de comportamiento que son
comunes a un grupo social concreto, haciendo que los sujetos se asemejen unos a
otros en su forma de actuar. Se trata de hacer de la cultura algo propio. Ahora
bien, debemos tener presente que si el sujeto tiene la capacidad de
socializarse, no nace socializado, siendo la educación la que se encargue de
llevar a cabo este complejo proceso, proporcionándole un amplio abanico de
influencias orientadas según determinadas metas sociales.
Las
definiciones que se han aportado para explicar este fenómeno son muchas, pero casi
todas ellas coinciden en señalar las siguientes características: Se trata de un
proceso que dura toda la vida, aunque hay períodos en los que los cambios se
producen con más intensidad, como en la infancia, la adolescencia y la juventud.
-Se
basa en la capacidad de relación social de los seres humanos.- El sujeto se
introduce y se adapta al grupo, perteneciendo a una colectividad.- Como hemos
comentado, el sujeto no nace social, sino con la capacidad de socializarse.
-Busca
preservar un determinado sistema social a través de la interiorización de ciertos
contenidos culturales.
-Consiste
en la internalización de pautas y normas de convivencia, por las que el individuo
se humaniza.
Al
ser la socialización un proceso de aprendizaje y de adaptación social, tiene
lugar de forma lenta y gradual desde el momento del nacimiento. Los primeros
aprendizajes se llevan a cabo en el ámbito familiar cargado de afectividad,
para irse abriendo posteriormente a otros entornos sociales, como los amigos,
la escuela, los grupos, etc. Todos ellos operan como agentes de socialización,
a través de los cuales se van asimilando los elementos culturales (normas,
valores, creencias, actitudes, modos de pensar y de relacionarse con los otros,
etc.), que posibilitan al sujeto hacerse competente socialmente. No obstante,
en las complejas sociedades actuales actúan otros elementos de socialización
menos definidos, pero por ello no menos importantes, tales como los medios de
comunicación de masas, la publicidad, el mundo de Internet (chat, juegos interactivos,
realidad virtual, etc).
Por
lo tanto, a través de la socialización el sujeto hace suyos, interioriza los aspectos
más importantes de la cultura del grupo social en el que está inserto,
formándose así un código de comportamiento social y un sistema de creencias en
los que fundamentar su conducta social.
Conclusión:
Toda
conducta es adquirida por la interacción con un determinado contexto social y
donde la “cultura presente” determina ciertos patrones de conducta que al
tiempo uno los interioriza y los hace suyo.
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